La sobreallendización
Reportajes de La Tercera, 21 de septiembre de 2008
El general Augusto Pinochet, que tenía algunas supersticiones, ordenó en los 70 reconstruir enteramente dos de los lugares que pensaba habitar por largo tiempo: la casa del comandante en jefe del Ejército, en calle Presidente Errázuriz, y La Moneda. En ambos habían morado antes personas muertas violentamente: el general Carlos Prats, asesinado por la Dina en Buenos Aires, y el Presidente Salvador Allende, suicidado en el asedio al palacio de gobierno.Pinochet quería exorcizar la presencia de ambas figuras, borrando sus huellas históricas, mientras relevaba la de otros muertos insignes. Los gobiernos de la Concertación –todos- han hecho exactamente lo mismo, aunque con signos contrarios. En este caso, la figura más trajinada ha sido la del Presidente Salvador Allende.
Morandé 80
Quien primero llevó este trajín a una escala algo absurda, ligeramente surrealista, fue Ricardo Lagos, que modificó la reconstrucción de La Moneda para reponer en ella una puerta por calle Morandé, que no existía en los planos originales, pero que sí existía para el día delgolpe de Estado de 1973.Cualquier observador externo se sorprendería de saber que por esa puerta salieron precisamente (además de algunos ministros que intentaban negociar la rendición) los derrotados colaboradores de Allende, que fueron humillados y vejados en esa misma vereda. Muchos de ellos salieron de allí para ser asesinados horas más tarde.Pues bien: esa puerta, quizás la más triste de la historia republicana, fue reabierta en una ceremonia que, de no ser por su pompa, parecería una broma siniestra, por el mismo Presidente que poco antes había inaugurado, en la antesala del Ministerio del Interior, otro espacio en el que dos pinturas de gran tamaño muestran al Presidente Allende saludando desde un balcón y, al frente, el mismo balcón perforado por las bombas. ¿Se puede imaginar un sentido más sombrío de la historia, una idea más pesimista y derrotista y triste?Parecía que no. Pero hace dos semanas, la Presidenta Michelle Bachelet inauguró una reconstrucción del Salón Blanco donde se suicidó el Presidente, alhajado con réplicas de los objetos de 1973. Esta semana paseó por él a los presidentes reunidos para la Cumbre de Unasur, como si se tratara de la nueva atracción de un parque temático. ¿Qué seguirá? ¿Muñecos de cera representando el asalto y la defensa del palacio? ¿Una grabación con las últimas palabras de Allende, como esa siniestra representación montada por el franquismo en El Alcázar de Toledo con el desafío del general Moscardó a los captores de su hijo? El montaje de El Alcázar fue retirado hace muy pocos años, en parte porque este tipo de operaciones escénicas intimidan a los que vienen, que creen que algo muy importante se juega en estos altares y tableaux vivants.
Alienación de izquierda
Durante gran parte del siglo XX se creyó que la alienación política era un patrimonio de la derecha; que sólo ese sector podía hacer pensar a las gentes simples en héroes simples, patrióticos y reconfortantes.Sin embargo, desde por lo menos los años 90, se asiste al galope de una alienación de izquierda que, habiendo renunciado al espíritu crítico, cree todo lo que se vende en el supermercado del izquierdismo -muchas veces habría que decir oportunismo- y que prefiere dar la espalda a la historia para quedarse con su banalización.En ese supermercado se venden las poleras del “Che”, pero también el utopismo -más presunto que real- de Lenin, de Fidel Castro, de los “socialismos reales” e incluso de crímenes actuales, como los de las Farc, que en nada se diferencian de los que imputan a sus enemigos.La izquierda chilena tiene una inmensa deuda con Allende -la deuda del abandono final, como la han descrito la mayor parte de las películas y libros dedicados a él en la última década-, pero parece difícil que lo logre mientras la banaliza con la “carne de mártir” que el propio Allende resistió, rechazó y negó para sí mismo.La deuda de Allende no ha sido ni siquiera debatida en serio. Llenar la casa de gobierno de altares es la peor manera de enfrentar esa discusión, y ese desagarro elusivo puede explicar, al menos parcialmente, por qué el 11 de septiembre sigue siendo tan absurdamente violento después de la friolera de 35 años.
Regresando...
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Te situas desafiante frente a mi. Desafían tus años (pocos?), desafía tu
blusa (semiabierta?) pero sobre todo tus pezones (enhie...
Hace 6 años